La Diputación de Cuenca fue accionista de la empresa del ferrocarril en el siglo XIX

image002José Luis Muñoz

Tal día como hoy, pero del año 1861, la Diputación Provincial de Cuenca acuerda participar en el capital de la empresa que se constituya para construir un ferrocarril que atravesando la Sierra de Cuenca ponga en comunicación la provincia con un puerto del Mediterráneo. De esa forma, la Diputación se adelantaba a lo que todavía no era más que una idea, encabezando así el apoyo provincial al proyecto de construir un ferrocarril que debería atravesar buena parte del territorio conquense, sirviendo de enlace entre la capital de la nación y un puerto costero que aún no se había definido y que podría ser, previsiblemente, Valencia.

El ferrocarril Aranjuez-Cuenca había sido aprobado por una Ley del 30 de junio de 1856, dejando en manos de la iniciativa privada (como ocurría entonces) la construcción efectiva de la línea. Desde entonces surgieron multitud de iniciativas, ninguna consolidada, hasta que por fin el 29 de febrero de 1864 una empresa encabezada por Benjamín Jarnés anunció oficialmente a la Diputación que se le había concedido la construcción y explotación de la línea, aludiendo a la enorme prosperidad que habría de producir en todas las industrias de la provincia. La Diputación mostró su conformidad con este planteamiento y acordó fijar su participación en la empresa como accionista, con una aportación de cinco millones de reales.

Pero las obras no comenzaron inmediatamente ni en los años siguientes y cuando al fin lo hicieron, se fueron prolongando de manera sucesiva, recabando y consiguiendo del gobierno una prórroga tras otra. Al fin, en los últimos años de la década de los 70 los trabajos se pudieron activar de manera que el 12 de julio de 1883 la primera locomotora hizo el trayecto Aranjuez-Cuenca, siendo recibida triunfalmente en la estación conquense, con autoridades, una multitud enfervorecida y la Banda de Música animando el ambiente.

Así se incorporaba Cuenca al moderno trazado ferroviario, ese mismo que ahora se pone en peligro, con amenazas constantes de suprimir trenes y reducir ofertas para una provincia que aquel día de 1861 se embarcó animosamente en el proyecto de poder tener un ferrocarril al alcance de la mano.

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