La 9ª de Beethoven pone un broche brillante a las 52 edición de la SMR

SMR2013-574x782Manuel Millán de las Heras

Hoy en día podemos justificar la presencia de cualquier obra no religiosa como la 9ª sinfonía de Beethoven en las Semanas de Música Religiosa de Cuenca. Se puede argüir que una música determinada posee “espiritualidad”, concepto excesivamente manido, deformado e instrumentalizado. En el caso del Domingo de Resurrección, la obra programada tiene en su último movimiento el famoso texto de Schiller, donde se nombra una vez a Dios y otra al creador, lo cual consigue argumentar la presencia de esta partitura en las SMR. El caso es que sedujo al público que acudió masivamente a la catedral y que salió en su mayoría bastante entusiasmado.

La 9ª de Beethoven.

De la última sinfonía de Beethoven se han escrito ríos de tinta. Lo que en un principio era una obra más en esa forma dentro del estilo beethoveniano, se convirtió en una revolución, gracias a la inclusión de coro y solistas vocales. Convirtió el número nueve como un tótem infranqueable para los autores del romanticismo y alargó la estructura hasta lo impensable. Las sinfonías pasaron a ser “otra cosa”.

Fui con cierta precaución, después de la decepción que los mismos intérpretes me produjeron el Viernes Santo con la Misa en do menor de Mozart y los motetes de Poulenc. Sin embargo, las circunstancias aquí fueron otras. La obra, claramente heroica, se adaptaba mucho mejor al sonido brillante de la Orquesta del Mozarteum de Salzsburgo y el archiconocido coro del cuarto movimiento está más pensado para una agrupación grande y monocolor como el Orfeón Donostiarra. La acústica –lejana y reverberante desde mi posición en el coro de la catedral— produjo un empaste perfecto, que también ayudó al cuarteto solista, en el que destacó y con mucho el barítono José Antonio López. La novena de Beethoven siempre será imprescindible, porque es testamento de genialidad rara vez conseguido en la historia de la música y supuso un broche de oro a la presente edición de las SMR.

Balance general.

La 52 edición de las Semanas de Música Religiosa de Cuenca ha sido una laguna de recuerdo de tiempos mejores en plena crisis. Su nivel no ha bajado, ha mantenido todos los pilares básicos que dan sentido a su existencia y ha cautivado a un numeroso público, en su mayoría de fuera de nuestra provincia, con amplia presencia de extranjeros.

Es difícil, pero no imposible, dar noticias así. Es como si la crisis no hubiera pasado por este festival. Un remanso de equilibrio y belleza. Posiblemente, el evento más importante de nuestra ciudad, que le da una proyección internacional que muchos conquenses desconocen.

 

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