Viernes Santo: descubrimientos y una decepción

cuarteto bretonManuel Millán de las Heras

Con el Viernes Santo entramos en la recta final de las SMR. Una jornada repleta de conciertos al primero de los cuales no pude asistir. Una pena, pues el sabor de boca que me dejó Albert Recassens al frente de La Grande Chapelle el pasado Miércoles Santo auguraba que su trabajo de reconstrucción sobre el maestro de capilla de la catedral de Cuenca, Alonso Xuárez (1639-1696) iba a ser muy interesante. No puedo juzgar opiniones ajenas, pero sí puedo decir que todas han sido muy favorables.

Cuarteto Bretón y el placer de descubrir

Gratísima sorpresa. El concierto de la iglesia de la Santa Cruz fue un descubrimiento, tanto por la agrupación como por la obra de Jesús Guridi (1886-1961), que  desconocía por completo. La primera parte se completó con dos bellísimas partituras de Sofía Gubaidulina. La compositora tártaro-rusa encarna a la perfección el espíritu de las SMR. Su música está llena de efectos tomados de las vanguardias del siglo XX, pero nunca se puede considerar que los utiliza como un hecho experimental. Todo recurso va al servicio de la musicalidad, pero yo diría más: de la espiritualidad. Su anhelo de silencio, de tensiones y distensiones y sus audaces juegos tímbricos buscan lo trascendente. Los dos cuartetos causan en el oyente sensaciones similares a las de su fabulosa Pasión según San Juan, obra que debería ser interpretada en nuestro festival algún día. El Cuarteto Bretón mostró una sonoridad, concentración y compromiso envidiables.

El cuarteto de Guridi posee una estructura clásica y cierta veneración al homónimo de Maurice Ravel. Es realmente hermoso, bien construido y posee una inmediata accesibilidad. No termino de entender el porqué de su ausencia del repertorio. El Cuarteto Bretón ofreció la obra no solo con profesionalidad, sino con una ilusión entusiasta.

Un Poulenc y una Misa en do de Mozart mejorables

El concierto de la noche se presentaba como uno de los platos fuertes de la 52 edición. Las agrupaciones así lo presumían, pero igual que existen sorpresas positivas, también hay decepciones. El Orfeón Donostiarra es la típica formación que ha atesorado un merecido prestigio gracias a una encomiable labor de un grupo de aficionados que acaban siendo similares a los profesionales. Sin embargo, los difíciles y muy expresivos Cuatro Motetes para un tiempo de Penitencia de Francis Poulenc (1899-1963) dejaron en evidencia las limitaciones de la formación, que superó a duras penas la dura tarea. Tras ello, la Misa en do Menor de Mozart, con la en teoría brillante orquesta del Mozarteum de Salzsburgo, no hizo más que empeorar. Sonó mal preparada, con unos solistas cohibidos que a duras penas leyeron la partitura y un director –Leopold Hager— muy poco implicado. El resultado fue decepcionante, aunque aún tienen tiempo para la revancha el Domingo de Resurrección con la 9ª sinfonía de Beethoven.

 

Foto: SMR

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s