Jueves Santo inolvidable

Nicolas StavyManuel Millán de las Heras

Romanticismo, renacimiento y una de las cumbres del barroco tardío y de la historia de la humanidad se concentraron en una jornada inolvidable de las SMR. Ir a los tres conciertos supuso una acumulación casi inabarcable, pero que quedará para siempre. Tanta belleza siempre merece la pena.

Nicolas Stavy y el piano romántico.

La mañana tuvo como escenario la iglesia de San Miguel y al pianista Nicolas Stavy, que afrontó un repertorio romántico junto con una dosis de Bach tamizado por Busoni. Liszt y Brahms redondearon el concierto, que consiguió un ambiente íntimo y comunicativo. El intérprete francés posee una musicalidad alejada de exageraciones, un fraseo delicado y cierto carácter cuando corresponde, como en el Op. 119 de Brahms. Lo mejor: creó un  ambiente espiritual, aspecto que a muchos músicos les cuesta.

Gesualdo, Raval y las violas da gamba.

La iglesia de la Santa Cruz fue nuevamente un marco excepcional para un concierto íntimo, de calidad excepcional y dedicado en su mayoría a uno de los autores homenajeados en la presente edición por ser el 400 aniversario de su muerte: Carlo Gesualdo. Ya apunté en la crítica del Martes Santo que el príncipe de Venosa tuvo una existencia ideal para hacer una película: noble y rico,  asesinó a su esposa y al amante de ésta cuando fueron pillados “in fraganti”. Su música refleja un espíritu atormentado, llena de disonancias, cromatismos y una técnica alejada de todos los patrones escolásticos. Sin embargo, el contratenor Mark Chambers, el Rose Consort de violas da gamba y Andrés Cea interpretando un “claviórgano” (instrumento que aúna un clave y un órgano) ofrecieron una versión de una exquisitez impecable. Se sentían todos los atrevimientos del autor italiano, pero dulcificados por la naturaleza de los instrumentos y la bellísima voz del cantante. El concierto fue una gran ocasión, además, para descubrir otro importante compositor español del siglo XVI. Se trata de Sebastián Raval (1550-1604), personaje de vida convulsa, militar herido en combate, posteriormente monje y por fin músico de fama altanera y conflictiva. Su música instrumental sonó de gran perfección técnica y con tendencia también hacia la disonancia y el cromatismo. La combinación con Gesualdo fue más que acertada.

Otra Pasión inolvidable.

Ser de Cuenca tiene ciertos privilegios. Uno de ellos es haber tenido al alcance de la mano las mejores versiones mundiales de las pasiones bachianas de las últimas décadas. Eso ha creado tal conocimiento y costumbre en el público que nos estamos asemejando al forofo futbolero que compara a cualquier jugador con Messi, Cristiano, Iniesta o Falcao.

El turno en 2013 ha sido para el belga Philippe Herreweghe al frente del Collegium Vocale Gent. Siempre he tenido predilección por su versión de la Pasión según San Mateo, una de las cuales, grabada en 1985, es un auténtico icono de la discografía. A Cuenca vino con una apuesta distinta a la de entonces, buscando un detallismo en la articulación más exagerado y con unos solistas menos relevantes, aunque de rendimiento más que notable. El resultado fue muy bueno, tuvo sentido dramático y la trama fue bien resuelta. El Collegium Vocale Gent es un lujo colosal, una paleta de matices inagotable, la envidia de cualquier director. Herreweghe dirigió con apasionamiento, moviéndose de su sitio para acercarse a los músicos, sus manos no marcaban el compás sino que hacían gestos expresivos y algo caóticos, pero que eran entendidos a la perfección por los instrumentistas y cantantes.

Excelentes estuvieron Maximilian Schmitt y Andrè Schuen en los papeles del Evangelista y Jesús respectivamente, no sólo por sus voces solventes, sino por la musicalidad teatralizada que trasmitieron. Especialmente hermoso sonó la voz del contratenor Damien Guillon, no sólo musical sino de dulzura embriagadora.

En resumidas cuentas. Versión fabulosa, impagable para un músico o aficionado de esta pequeña ciudad castellana. Un nuevo lujo, que sólo tiene un problema: Las Pasiones según San Mateo o San Juan han sido dirigidas por Gardiner, Minkowsky, Leondhardt, Koopman, Norrington… Herreweghe ha sumado otra mirada fascinante, aunque para mí no haya sido la mejor.

 

Manuel Millán de las Heras

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