Martes Santo del siglo XVI con pinceladas del XX


 

Manuel Millán de las Heras

Interesantes conciertos los que han marcado otro lluvioso día de Semana Santa. Ambos giraron alrededor de la música de la segunda mitad del siglo XVI (adentrándose en los primeros años del XVII), con unas pequeñas pinceladas del siglo XX en el de la tarde-noche, que tuvo lugar en la iglesia de San Miguel. Los dos conciertos fueron muy distintos, tanto en la forma de interpretar como en el repertorio, ya que a pesar de que eran contemporáneos, también eran opuestos en estética. Diseccionemos, pues:

Herman Stinders.

El que es profesor de clave y música de cámara en el Real Conservatorio de Bruselas ofreció un concierto que se recordará por la continua sucesión de exquisiteces. Todo acompañó: la iglesia de la Santa Cruz con una acústica justa para instrumentos de poco volumen como el clave, el silencio reverente de un público –el de las SMR— que posiblemente es el mejor del planeta, hasta el sonido lejano de la lluvia dio un toque más de belleza. Herman Stinders habló en castellano con los asistentes, pidiendo que imagináramos el concierto como una exposición de cuadros. A partir de ahí, la música de los virginalistas ingleses y flamencos del siglo XVI penetró con un fraseo perfecto, libre y emotivo. El buen músico consigue que los contrapuntos se entiendan de principio a fin, que la danza sea tan bella que den ganas de acompañarla y que las variaciones generen un permanente crecimiento expresivo. La música era hermosa, pero la interpretación la engrandeció. Una joya.

Gesualdo y Stravinsky.

San Miguel acogió un concierto de esos que yo denomino “difícil”. Lo protagonizaron el Choeur Arsys Bourgogne y el Ensemble La Fenice bajo la dirección del cornetista Jean Tubèry. En el centro de todo estaba la fascinante figura del Príncipe de Venosa, Carlo Gesualdo (1566-1613). Su vida y obra corrieron paralelas, como bien indican las excelentes notas al programa de Juan Carlos Asensio. Por su origen noble y rico tuvo la más absoluta libertad creadora, ya que no tenía el límite de ningún patrón civil o religioso. Su vida está marcada por el asesinato que cometió contra su mujer y el amante de ésta, hecho sobre el cual se han escrito ríos de tinta. Lo más impactante es que la visceralidad y libertad que desprenden su vida se ven reflejadas en su obra. Gesualdo ha pasado a la historia por sus madrigales, sobre textos profanos, viscerales y algo exagerados que giran alrededor del amor y el dolor y sufrimiento que produce su ausencia. El sentido vanguardista de la disonancia –que siempre estaba al servicio del texto— junto a su convulsa vida le convirtió en un referente para los músicos del siglo XX, caso del compositor ruso Igor Stravinsky (1882-1971), cuyas adaptaciones de la música del compositor italiano también sonaron en el concierto, además de sus originales Ave María y Pater Noster (este último como bis).

La música religiosa de Gesualdo es casi idéntica a la profana. Es un canto a lo antiacadémico: disonancias sin preparar y que no resuelven, falsas relaciones cromáticas, bruscos cambios de carácter, etc. Pero por eso mismo tiene ese interés tan peculiar. Una hora y media de Gesualdo se hace complicada, pero con concentración puede sumergirte en un mundo diferente y muy personal. La dirección de Jean Tubèry buscó exagerar hasta paroxismo todos los detalles del lenguaje de Gesualdo y lo consiguió, aunque creo que algunas voces del Choeur Arsys Bourgogne sufrieron en exceso y perdieron su colocación. Eso no quita nada a un trabajo agotador y muy difícil cuyo fin fue extraer todos los afectos que contiene una música tan compleja y tan ligada al texto. Los intermedios instrumentales, sonaron balsámicos entre tanto drama y mostraron la capacidad técnica de Tubèry como cornetista, extrayendo un sonido embriagador y dulce, muy bien acompañado por el tiorbista, organista y violonchelista, que conformaron una agrupación sobresaliente.

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2 Respuestas a “Martes Santo del siglo XVI con pinceladas del XX

  1. Una vez más, es como si las fotos se hicieran solas, práctica desmasiado habitual y desgraciada en bastantes medios de comunicación. Esta foto, bajada desde la web de la Semana de Musica Religiosa de Cuenca está perfectamente identificada por sus créditos. No entiendo la razón para no reseñarlos.

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